miércoles, 28 de agosto de 2013
3
Volví junto a la mesa del merendero, donde la nueva incorporación a la familia, algo peluda, seguía sonriendo entre jadeos.De hecho,era tan nueva que todavía no tenía nombre.
-Tú sí que eres buen chico-dije,y me arrodillé junto a él, que descansaba a la sombra de la mesa-.Ya que sois del mismo género,aunque me llaman más lo de tu especie en muchos aspectos ¿tienes alguna sugerencia acerca de cómo conseguir a ese chico?-le pregunté,poniéndole un poco más de agua en el cuenco mientras miraba cómo Louis atrapaba un balón en el aire.
El tipo jugaba al mejor fútbol de playa que había tenido el placer de contemplar hasta el momento.
Mi amigo peludo me dedicó unos cuantos lametones en el brazo antes de darme un golpecito en la pierna con su hocico húmedo.Puede que hubiera querido interpretar aquel gesto como un empujoncito de ánimo,pero,cuando sus ojos perrunos se volvieron hacia Louis y su sonrisa perruna se ensanchó,me eché a reír.
-sí,sí.Ya sé que es el mundo de las mujeres y todo eso,pero hay cosas para las que todavía soy un poco antigua-dije,rascándole detrás de las orejas-.Como que es el chico quien tiene que acercarse a la chica.No vayas a chivarte ahora al movimiento feminista o ya puedes olvidarte del bistec de esta noche.
Le di unas palmaditas cariñosas en la cabeza cuando confirmó su voto de silencio con un breve ladrido y luego regresé a mi toalla,observando discretamente a Louis mientras lanzaba el balón a otro.Si incorporarse,estirarse y reajustarse el bañador no funcionaba, y puesto que quedaba menos de una hora para la cena, tendría que recurrir a medidas más desesperadas y drásticas.Era tozuda y era idiota, y después de esperar durante tanto tiempo a que se acercara a mí, no iba a rendirme.La palabra rendición no existía en mi diccionario.
Me estiré en la toalla, boca abajo, y me desate el lazo del biquini.En mi experiencia como chica de diecisiete años,siete de los cuales con pecho suficiente para necesitar sujetador,deshacer ese pequeño nudo en medio de la espalda tenía un noventa y cinco por ciento de posibilidades de éxito de atraer a cualquier varón den un radio de cinco toallas de playa.Era posible que Louis se encontrara a seis toallas y media,pero era todo lo que me que quedaba.El último truco que guardaba en mi chistera.
Utilicé el vestido de reposacabezas y fingí concentrar toda mi atención en que no me quedaran marcas del biquini,pero,al echar un rápido vistazo a mi alrededor, no había ojos masculinos en cinco toallas a la redondea que no estuvieran dirigidos en mi dirección.Salvo los suyos.
Incluso oí algunos silbidos lanzados por parte de sus compañeros de juego, a los que hice oídos sordos, pero ni aun así se inmutó.Una amiga mía de mi antigua escuela me había dicho que si llegaba el día en que los objetivos masculinos en quienes habíamos puesto el ojo no acudían junto a nosotras en rebaño tras ese último intento desesperado, era el momento de avisar al Vaticano:solo quedaba pedir un milagro.
Que me pusieran en contacto con Roma, porque el milagro que estaba obrándose ante mis ojos: el único chico que quería que se fijara en mí era el único que no lo hacía.Malditos fueran la providencia y los huracanes anímicos.
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