lunes, 26 de agosto de 2013
1
Los veranos me convertían en una idiota. Por eso me alegraba de que ese casi se hubiera acabado.
Desde la pubertad,todos los años,desde mediados de junio a principios de septiembre, había dado por hecho que iba a conocer al equivalente real del príncipe azul.Llamadme antigua,llamadme romántica emperimentada,incluso podríasis llamarme loca,pero tanto una cosa como la otra,el resultado final era el mismo:era una idiota.Hasta la fecha,no había encontrado un solo chico que le llegase siquiera a la suela de los zapatos a al príncipe azul;aunque tampoco me sorprendia, ya que cada vez estaba más segura de que loas chicos eran una especie de grano en el culo.Pero aquí, trabajándome el bronceado en la playa del lago Sapphire,a solo un par de semanas fe empezar el último curso en un instituto nuevo, acababa de encontrar a un príncipe rojo pasión.
Había llegado con un grupo de chicos que jugaban a pasarse un balón de fútbol americano,y ejemplares como ese confirmaban que alguna clase de mano divina había estado dirigiendobel universo,porque era imposible que existiera proceso de selección natural capaz de crear algo como él.Aquello tenía que ser obra de un dios.Era un poco más alto que yo, ancho de espaldas y teía esos iris de contorno oscuro más bien gris y pestañas negras con el poder de anular las mejores intenciones de cualquier chica.Vamos,que era justo mi tipo,para entendernoa.Y el de cualquier mujer del hemisferio norte.
Ni siquiera mi granizado de frambuesa azul podía competir con él por mi atención.No sabía su nombre, ni si tenía novia,ni si quería tenerla,pero si que me había metido en un problema.
Aunque no supe que el problema era tan grave hasta que dejó de ragatear, placar y esprintar y se vovió hacia donde estaba yo.
La mirada fue infinitamente más larga que la que hubiera intercambiado con un extraño,pero lo que me transmitió esa brevísima comunicación me llego muy dentro y dejó que una parte de aquel desconocido se abriera camino hacia mi interior.No era la primera vez que experimentaba algo asi,un mero contacto visualvcon alguien anónimo me pedía que le prestara atención y lo siguiera.
Hasta el momento,nunca lo había hecho,pero la ultima vez que había deaprobechado uno de esos momentos había sido en un restaurante al que había ido con mi familia.El chico en cuestión dejó la pizza en la mesa, nos deseó buen provecho y, a continuación , justo cuando se iba, me guiño un ojo. El corazón empezó a latirme con fuerza,se me embotó en la cabeza y sentí una profunda angustia al ver que se daba la vuelta y se iba, como si estuviéramos unidos por una cuerda.Había dejado pasar cuatro de aquellos huracánes anímicos, pero había echo un pacto sumamente sagrado conmigo misma sugún el cual no vovería a echar a perder un quinto del mismo modo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario